|
" Quinta La Lucila " de Lucila Anchorena |
|
La quinta Anchorena de La Lucila fue en sus
comienzos un calmo bosque de olivos, que sirvió como
emplazamiento militar por las Invasiones Inglesas.
Finalmente se transformó en plácido lugar de
veraneo. Se construyeron grandes residencias de
familias de la aristocracia porteña, que habían
elegido la zona para pasar temporadas de descanso
cerca de la ciudad.
Entre
Debenedetti, Díaz Vélez
y Darwin estaba la quinta “La Lucila”
inaugurada en 1915. Esta casona pertenecía a Lucila
Marcelina Anchorena (1867-1917), hija de Juan
Anchorena. Lucila se casó en 1889
con el que sería el Coronel Alfredo Froilan Caseros
de Urquiza (1856-1939), ex intendente. Ellos
tuvieron 14 hijos. Alfredo era
nieto del gral Urquiza. La mansión fue bautizada
con el nombre de su esposa que
a los dos años de mudarse, ella se suicidó
tirándose del mirador, en razón, dijeron las
crónicas de la época, de una enfermedad incurable.
El episodio hizo famosa a la quinta y su nombre.
La residencia fue la mas importante del partido de
Vicente López.
La
casona contaba de dos plantas, 21 habitaciones,
cinco baños y un garaje para ocho autos.
La quinta poseía una gran cantidad de obras de arte.
En sus jardines predominaban las esculturas con
motivos griegos y romanos, como la diana Cazadora.
En 1932 Urquiza dona al Ferrocarril una fracción de
tierra junto a las vías de la línea “C” para que se
construya allí una estación, condicionando la
donación a que se llamara “La Lucila”. La estación
se inaugura, con ese nombre, el 10 de noviembre de
1933. La Lucila tuvo su origen en la época de Garay.
Las obras en la mansión estuvieron a cargo del
arquitecto Paul Pater. El parque fue diseñado por el
paisajista Jacquet. La crisis de los años 30
perjudicó los grandes lujos de la elite porteña y
resultaba oneroso mantener este tipo de palacetes.
En 1942 es adquirida en un remate por Mercedes
Urquiza Anchorena de Bunge y otros parientes mas
quienes en 1945 la derriban y sus terrenos se
remataron años mas tarde. El mirador fue lo único
que sobrevivió a la demolición de la casa, las
caballerizas
y los altos pilares de la entrada principal
sobre la calle Ramseyer, a unos 50 metros de la Av. Del Libertador al 3900.
Mercedes Emilia de Urquiza Anchorena, la tercera hija de Lucila
(1893-1968) Contrajo matrimonio el 18 de octubre de 1918 con Eduardo
Jorge Bunge Arteaga (1884-1968), tendran cuatro hijos: Mercedes, Ines,
Eduardo y Octavio. Su esposo, Eduardo, era hermano de Carlos Octavio y
Delfina Bunge Arteaga. Carlos Octavio, una brillante personalidad, habia muerto muy prematuramente, a los 43 años de edad, el 23 de mayo de ese mismo año.
Lucila
FOTOGRAFÍA OBSEQUIADA POR SEBASTIAN GRANARA
|
|
|
|
|
||
|
|
||
|
|
||
|
|
||
|
|
||
|
|
||
|
MIRADOR |
||
|
|
||
|
|
||
|
|
||
|
En 1580 Juan de Garay repartió tierras que comprenden el partido de Zarate habitadas primitivamente por los guaraníes y otras tribus menores. Los principales propietarios fueron Rodrigo de Ibarrola y Domingo de Arcamendia. En 1650 la compañía de Jesús adquirió estos campos y formo varias estancias y se destaca Las Palmas comprada también por los jesuitas. A cargo estaba el padre Tomas de Ureña con mano de obra de los indios basada en la agricultura y la ganadería. La estancia fue un centro de cultura y progreso. En 1785 fue rematada en subasta publica y adquirida por José Antonio de Otalora, vasco, funcionario y militar americano, uno de los más ricos e influyentes comerciantes y hacendados de Buenos Aires de la última mitad del siglo XVIII y comienzos del siguiente. La casona de la estancia Las Palmas fue construida a fines del siglo 18 y desapareció en 1957 en un incendio y lo poco que quedaba en ruinas fue demolido. Su nombre fue por el rio Paraná de las Palmas. En 1785 fue rematada en subasta publica y adquirida por José Antonio de Otalora, vasco, funcionario y militar americano, uno de los más ricos e influyentes comerciantes y hacendados de Buenos Aires de la última mitad del siglo XVIII y comienzos del siguiente. En 1821 se reparte la estancia entre los ocho hijos de Otarola, que había fallecido años antes, y la fracción que contenía el casco le toca a Ana María Otarola de Rivadavia, quien vivirá allí hasta su fallecimiento en 1857, en compañía de su sobrina María Cipriana Soler de la Torre y su esposo Rufino de la Torre quien explotó la estancia considerándose el mejor estanciero de los tiempos. Rosas confisco los campos de esta familia y tuvieron que exiliarse en Uruguay. Luego de Caseros la familia volvió a Las Palmas. Fallecido Rufino de la Torre hijo, sus herederos vendieron la estancia en 1883 a Benito Villanueva, distinguido caballero de la sociedad porteña, presidente del Jockey Club por siete años y vicepresidente interino de la Nación. También excelente criador de caballos de carrera pura sangre. Benito Villanueva enajenó las Palmas a favor del coronel Alfredo de Urquiza (nieto del gral Justo José de Urquiza) casado con Lucila Anchorena, hija de Juan Anchorena, que tuvieron 14 hijos. El casco
actual tiene influencias de la arquitectura rural de principios del siglo 19 y
se encuentra en lo que fue la cabaña construida por el coronel Urquiza. Éste,
plantó la arboleda de las avenidas actuales e hizo diseñar el parque y el
hipódromo que lo rodeaba. Actualmente, se acondicionó el antiguo galpón del
casco de la estancia para realizar un museo donde se muestran las reliquias
históricas de la propiedad y la colección de carruajes antiguos. Hoy pertenece a
los Urquiza -Anchorena. Frente a la estación se abre la tranquera de "Las
Palmas". En los tiempos de la Belle Epoque dos yates: el Marilú de 30 mts de
largo y el yate Las Palmas trasladaban a la familia y a los amigos entre Buenos
Aires y la estancia. Alli se realizaron grandes fiestas entre muchos
presidentes argentinos y personajes notables.
Al fallecer Lucila Alfredo encontró contención en su hija María Lucila. Al
fallecer su padre María Lucila y su esposo Vicente Quesada compraron el predio
Las Palmas a la sucesión en 1942. Hoy son los titulares. Sus hijas Lucila,
Leonora y laurita formaron sus propias familias y continúan dueñas del predio.
Arcón de Buenos Aires
|