PASAJE

 

BAROLO

 

Arcón de Buenos Aires

 

 

 

PASAJE BAROLO-- PALACIO BAROLO -

AVENIDA DE MAYO 1370

 

Edificio del ya mencionado arquitecto Mario Palanti, quien lo proyectó en 1919 y terminó hacia el año 1923. En su tiempo, el Barolo fue la construcción mas alta de la ciudad por 13 años y objeto de muchas críticas por parte de colegas y artistas que definieron su arquitectura como de estilo remordimiento italiano, gótico románico, etc. El terreno elegido para levantar el palacio tenía una superficie de 1365 m2 y un frente de 30,88 metros. En sus oficinas se encuentran hoy por hoy varios estudios de arquitectura, abogacía, contaduría con una vista muy buena de la ciudad. Conserva en funcionamiento sus once ascensores y su aspecto general es muy bueno, mas allá de necesitar un lavado del frente, bastante sucio por el hollín y el smog de la ciudad.

 

Su planta baja es recorrida longitudinalmente por un pasaje, que conecta la Avenida de Mayo con Hipólito Irigoyen, con excelentes cabinas comerciales finamente decoradas y la bóveda que cubre la totalidad del pasaje está ornamentada con citas en latín del mismo autor, cuya vida ha sido realmente increíble. La prolífica y brillante vida profesional de Palanti se cortó abruptamente cuando su relación con el fascismo y su admiración por Benito Mussolini, le llevó a realizar un descomunal monumento al régimen llamado la Mole Littoria, muy apreciado por el Duce, abandonando estas tierras en 1933, con rumbo a Italia y dejando en Argentina toda su obra y creación mas significativa.

 


En el extremo oeste del eje cívico de la Avenida de Mayo, se destacan los perfiles elegantes de los altos remates del Barolo y La Inmobiliaria.

 

El 30 de junio de 1934 el Graf Zeppelin sobrevoló la ciudad de Buenos Aires y aterrizó en los campos del Palomar para abastecerse de agua y de alimentos. Llegó a Buenos Aires, procedente de Río de Janeiro con una tripulación de 40 personas y 24 pasajeros. Tenía el aspecto de un gran cigarro habano de color plateado, de 236 metros de longitud y 45 metros de altura. El dirigible tenía una capacidad de 105 millones de litros de hidrógeno. Estuvo un poco mas de una hora en nuestra ciudad. Todos salían a las terrazas de los edificios para observarlo y saludarlo. Esa era la primera y única vez que un Zeppelín voló en la Argentina. En la fotografía sobrevuela por sobre el palacio Barolo. Luego, ascendió de nuevo y se fue definitivamente rumbo a Montevideo. Los cinco motores Marybach-VI-2, colocados en barquillas externas y alimentados alternativamente con nafta o gas, movían hélices de acción directa que impulsaban al dirigible hasta una velocidad máxima de 128 kilómetros por hora. La vida en el dirigible era similar a la de un barco pero con menos comodidades. Los hombres asistían a los cocktails de la noche muy bien vestidos y las mujeres luciendo trajes de noche. Pero el dirigible no tenía calefacción, de modo que cuando volaba por zonas frías o en invierno, los pasajeros y la tripulación debía taparse con varias mantas. Los camarotes eran relativamente amplios y cómodos; había cabinas individuales con sofá camas o con literas. Solo cuatro dirigibles volaron sobre Buenos Aires: El Plata (foto), entre 1920 y 1928; Los Andes, entre 1922 y 1929; Graf Zeppelin en junio de 1934, y el de la empresa láctea La Serenísima en 1995.

 

 

 

 

 PALACIO BAROLO en Construcción - Se divisa detrás del edificio de La inmobiliaria-

 

 

 

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 Llegó a temerse su caída cuando, en 1922, aparecieron algunas fisuras en su cúpula, fisuras que por cierto siguen estando y no afectan su sólida y atrevida estructura. Albergó  acontecimientos significativos, tal como el resultado de la pelea Firpo - Dempsey, en 1923, cuando miles de porteños se enteraron de las alternativas del combate frente a este torre. Desesperado por conservar las cenizas del famoso Dante Alighieri, quiso construir un edificio inspirado en la obra del poeta, “la divina Comedia”.

 

 

 

 Desde su inauguración en 1923, con 103 metros de altura, hasta la llegada en 1935 del Kavanagh (Sánchez-Lagos-De La Torre) con 120, fue el edificio más alto de la ciudad, superando el primer rascacielos porteño, la Galería Güemes (Francisco Gianotti), por 16 metros.

 

Incluía un restaurante y salas de reunión en pisos altos.

 

En primer plano la cuadra de Sáenz Peña y san Jose.

La esquina era ocupada por la Singer Sewing Machinoe Co. vecina al palacio Barolo.

 

 

La obra prometía ser monumental, algo nunca visto, tanto que violaba varios artículos del código de edificación de la ciudad. No obstante, las autoridades dictaran una excepción “única” a las reglamentaciones para construir en la avenida y se comenzó la obra.

 

 

 

En el fondo se ve el Congreso

 

Por la cuadra de la izquierda se encuentran las bocas de acceso al subterráneo Línea A (Estación Sáenz Peña).

 

 

La cúpula mide 90 metros, llegando a los 100 con un gran faro giratorio de 300.000 bujías que lo hacia visible desde Uruguay. El Palacio Barolo tiene uno gemelo en Montevideo, Uruguay, reconocido como el Palacio Salvo.

 

 

Como la altura superó lo permisivo en la avenida de Mayo el consejo deliberante quería demolerlo- Llego a los 100 mts con la altura del faro.

 

 

Encargado por el textil Luigi Barolo y realizado por el arquitecto milanés Mario Palanti, este Monumento Histórico Nacional fue concebido como un arquetipo de modernidad.

 

 

 

 

FARO CELEBRE. EL DEL PALACIO BAROLO, de 1923-Pero en 1930 el Ministerio de la Marina ordenó cambiar el foco (de 300 mil bujías), porque la intensidad de la luz confundía a los barcos que llegaban al puerto. Desde entonces sólo se iluminó para algunos festejos patrios.
 

 

Desde entonces existen 2 montacargas y 9 ascensores, dos están ocultos. Barolo utilizaba los ascensores ocultos para desplazarse de sus oficinas en planta baja hasta los subsuelos evitando el contacto con sus inquilinos.

 

Las lámparas tienen orientación medieval

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piso del Barolo con lucarnas de bronce

 

 

La singularidad del Palacio Barolo se nota en cada rincón. Mario Palanti se abocó a diseñar cada parte del edificio, proyectando desde los ascensores hasta las manijas de las puertas. Dejando así estampada su firma en cada fragmento de su creación, como lo fue haciendo en sus otras obras: el Hotel Castelar, el Cine Roca, el Banco Francés-Italiano, entre otras, y también en Montevideo con el Palacio Salvo, un clon del Barolo.

 

El pasaje es parisino- es francés - Une las dos calles, la avenida de Mayo e Yrigoyen.

 

 


 El faro emitía una luz visible desde Montevideo

 

 

 Tiene 400 oficinas

 

 

 

 

 

Luis Barolo


Luis Barolo manifestaba un gran amor por su patria y por
Dante Alighieri. En 1915, preocupado por la Primera Guerra Mundial, ante lo que parecía el Apocalipsis, el dueño de la única hilandería de algodón que funcionaba en la Argentina decide financiar un proyecto que inmortalice la cultura itálica, a Dante y a sí mismo.

Con su fuerte individualidad expresada en el movimiento de su fachada, la masa de sus balcones, sus volúmenes salientes, la presencia de formas curvas, el predominio del lleno sobre el vacío y su estilo inclasificable, el Pasaje Barolo es parte del tejido urbano. Es un hito que se mimetiza con el conjunto, un Palacio que se abre a la ciudad.
Símbolo del capitalismo incipiente de aquellos días en que Alvear era presidente y la Argentina granero del mundo, su gran puerta invita a los peatones a atravesarlo. El pasaje, que une Avenida de Mayo con Hipólito Yrigoyen, lleva a sus visitantes a recorrer la galería comercial de su planta baja y a admirar parte del interior que actúa para afuera.
Más allá de ciertas reglas clásicas de composición para diseñar la planta del edificio, como por ejemplo el uso del número de oro y de la sección áurea, el Palacio Barolo es reconocido como uno de los iconos de la primera modernidad.


Su provocadora altura manifiesta la locuacidad del poder, porque desde el primer momento en que Mario Palanti (1885-1968), arquitecto milanés, se puso a las órdenes del empresario textil Luis Barolo, también italiano, se aprestó a crear el edificio más importante de la ciudad y a mostrar el peso económico de quien era dueño de la primera hilandería de lana peinada del país y de grandes extensiones algodoneras en el Chaco argentino.

 

 Dante Alighieri de la Divina Comedia y su musa inspiradora Beatriz


Palanti, admirador de Dante Alighieri y estudioso de la Divina Comedia, dotó al edificio de numerosas referencias metafóricas y alusiones textuales de la gran obra literaria del artista florentino.

Los 22 metros que tiene son las 22 estrofas que tenia el poema. Los 100 metros que conecta una calle con otra son los 100 cantos.  Si se mira a la cupula se ve la figura del dante y su amada Beatrix,

 A las tres franjas verticales que componen la fachada (una central que marca la torre y enfatiza su altura, y dos laterales que se toman el resto de la ciudad), le incorpora tres niveles horizontales, donde los principios de la arquitectura clásica de basamento, desarrollo y remate, se asemejan con los de la composición de la Divina Comedia: Infierno, Purgatorio y Paraíso.
Así es como, por ejemplo, en la planta baja, en el pasaje, allí en el infierno, cerca del pecado, vigilan el paso de los peatones unas ménsulas con formas de dragón que salen amenazantes desde las paredes laterales. O como en la parte superior de la torre, en el paraíso, cerca de la virtud, recortado en el cielo, se encuentra como remate volumétrico del edificio la representación de los 9 coros angelicales. Más cerca de la tierra, alejado de Beatriz, cosido por un gran espacio vertical interno que los unifica, los tres primeros pisos se encontraban destinados a la residencia del mismísimo Luis Barolo, el resto era un sublime edificio de oficinas. Sus 22 pisos que se posan sobre grandes pies que lo sostienen estructural y visualmente, rematan en una estupenda cúpula que en su parte superior incluye un faro con todas las connotaciones simbólicas que por sí mismo tiene este elemento, como guía, como señal, como antorcha que muestra caminos, como linterna que informa sobre acontecimientos deportivos. Muchas estrofas de los versos estan en latin.
 



 

 La obra fue financiada por Luis Barolo, un empresario italiano llegado a la República Argentina en 1890 que instaló la primera hilandería de lana peinada del país. En poco tiempo se hizo famoso por sus casimires y reunió una fortuna con la que adquirió tierras en la provincia del Chaco para dedicarse al cultivo de algodón.  Hacia 1905, la hilandería contaba con 12.000 husos que eran manejados por las “fabriqueras de Barolo”. Para mejorar las negativas condiciones de trabajo, se realizaron huelgas y se creó la Unión Gremial Femenina, un escalón importante en la organización gremial. Tal vez, a las “fabriqueras de Barolo” y los cosechadores del Chaco, se les deba gran parte del Palacio Barolo.

 

El millonario Luis Barolo no llego a ver la inauguración del palacio porque falleció antes.

 

Barolo y su arquitecto querían traer las cenizas del Dante y enterrarlas en el Pasaje Barolo.

 

En la planta baja funcionó la agencia de noticias Saporitti.

 
           

 

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