La familia Alvear es una saga de políticos, militares y empresarios originaria de Nájera (España) que posteriormente emigró a Montilla ( Córdoba , España), para después asentarse también en Argentina. El fundador, Juan Bautista García de Alvear y Garnica (1657-?) nació en Nájera el 18 de julio de 1657. De origen noble, era funcionario de la Hacienda Real. Su cargo le acabará llevando a Córdoba, donde contrae matrimonio en segundas nupcias con una dama cordobesa. De este matrimonio nacerá Diego de Alvear y Escalera (1697).

Familia Alvear

 

 

 

Diego de Alvear y Escalera

Diego de Alvear y Escalera (1697-?) se traslada a Montilla (Córdoba, España) en 1729, donde adquiere viñedos y funda las bodegas "Alvear".  Santiago de Alvear, hijo del anterior, ayudará a su padre con el negocio familiar, que pronto adquirirá prestigio, lanzándose a la exportación de vinos, entre otros sitios, a Gran Bretaña. Diego de Alvear y Ponce de León (1749-1830), hijo de Santiago, hará carrera militar en la marina. Entre los hitos más destacados de su vida cabe mencionar los más de veinte años dedicados en el virreinato del Rio de la Plata a estudiar y cartografiar las zonas fronterizas con el Brasil portugués, su papel en la batalla marítima de cabo de Santa María y su participación en la defensa de Cádiz (España) frente a las tropas francesas invasoras.  Se caso con Pepa Balbastro perteneciente a una familia rica y tradicional. la vida de ese matrimonio fue una aventura enmarcada por viajes a la selva, los traslados y el nacimiento de seis hijos. Durante 17 años vivieron en la selva misionera.

UNO DE SUS TANTOS HIJOS FUE :

 (Carlos María de Alvear 1789-1852)

 

 

 

Carlos Antonio Joseph Gabino del Ángel de la Guarda Alvear

(Carlos María de Alvear 1789-1852)

Carlos María de Alvear nació en Misiones y fue militar y político rioplatense que ejerció el Directorio de la Nación en 1815. Es uno de los personajes más polémicos del siglo XIX argentino. Hijo del noble español Diego de Alvear y Ponce de León y de la bella joven porteña María Balbastro. A fines de 1804, viajaba con sus padres y sus hermanos y hermanas rumbo a España a bordo de la fragata Nuestra Señora de las Mercedes, cuando la escuadra española que les transportaba se encontraba casi frente a la costa de Cádiz, a pesar de ser las relaciones entre España e Inglaterra pacíficas, se aproximaron sorpresivamente cuatro fragatas inglesas.

El capitán español, confiado, les permitió una aproximación a "tiro de fusil"; encontrándose a tal distancia, para sorpresa e indignación de los españoles, uno de los capitanes ingleses intimó a que el navío español quedara como presa — junto a sus tripulantes — de "Su Majestad Británica". Sin poder creer lo que escuchaban, los españoles decidieron enviar una delegación a fin de parlamentar y aclarar posibles malos entendidos. Como los ingleses vieron que el navío español en lugar de aceptar la intimación parecía dilatar los tiempos del plazo, respondieron con una andanada de "ángeles" (balas de cañón unidas por eslabones) o balas incendiarias (calentadas al rojo vivo). Una de tales balas dio en la Santa Bárbara (polvorín) del navío español que voló por los aires.

Desde la fragata "Medea" el joven Alvear, que tenía entonces 16 años, vio como perecían su madre y sus  hermanos junto a otras 240 personas. En Londres se les informo que todos habían perecido y padre e hijo recibieron una indemnización de doce mil libras por parte del gobierno Británico que era una fortuna. Carlos en Londres asistió a un buen colegio y su padre se volvió a casar tres años más tarde con Luisa Rebeca Ward. A fines de 1805, padre e hijo regresaron a España donde Carlos hizo la carrera militar. El padre Don Diego le negó la herencia materna por lo tanto Carlos tuvo que iniciarle una demanda para finalmente adquirir lo que le correspondía por derecho propio. Con esa fortuna arribo al Rio de la Plata.

 

SU FALLECIMIENTO: 

Vivió 14 años en Washington y perdió toda su fortuna en las guerras de la Independencia. Su avidez por la gloria, la ambición y el poder lo llevo  a alejarse de su familia falleciendo en la miseria en Washington en 1852. Jamás conoció a sus nietos. La familia había quedado en la pobreza.

 

 

Carlos María de Alvear se casó antes de volver a Buenos Aires con Carmen Sáenz Quintanilla en España y tuvieron nueve hijos.

HECHOS CURIOSOS

 Este hombre presento a don José de San Martín en sociedad cuando vino a Buenos Aires. También estuvo en la boda del General San Martín.

  En la dominante logia del Río de la Plata, José de San Martín rivalizó con Carlos de Alvear, un hombre menor que él y de inferior grado militar, pero que descollaba por su inteligencia, su brillo social y su riqueza. Se comentaba que el padre de Carlos, Diego de Alvear, en su juventud había tenido de amante una india en Yapeyú, con la cual había concebido un hijo. Esta criatura, bautizada como Francisco José -afirmaba la versión-, habría sido entregada al matrimonio de Juan y Gregoria de San Martín para que lo criaran. De este modo, Carlos y José vendrían a ser entonces medio hermanos y, precisamente, a San Martín lo apodaron como El Cholo o el Tape de las Misiones, por su apariencia de mestizo.

 Josefina de Alvear de Errázuriz era hermana de Carmen de Alvear de Christophersen. El marido, Pedro Christophersen, un gran empresario, fue presidente de la Bolsa de Comercio y embajador de Noruega, Suecia y Dinamarca, y cónsul de Rusia Y el Palacio Bosch, hoy residencia del embajador de Estados Unidos, era de Ernesto Bosch, casado con Melisa de Alvear, otra hermana de mi bisabuela. El (palacio) Sans Souci era de Carlos de Alvear. Los tres fueron hecho por René Sargent, el mejor arquitecto que había en Francia.

 

Las Mercedes y esta ubicada al noroeste de Buenos Aires. Perteneció a Carlos Maria de Alvear. Es de fines de 1890.

 

HIJOS :

Torcuato de Alvear (1822-1890)

Marcelo Torcuato de Alvear (1868-1942),

Diego (1827-1887)

María Carlota
Emilio Marcelo
Camilio Urbelino
Carlos F.
Torcuato Antonio
Joaquina del Carmen
Virginia Mercedes
Juan Nepomuceno


León Gabi


 

         
         

Rama Argentina

Mucho más relevante que la rama española, está representada por tres importantes personajes: Carlos María de Alvear (1789-1852), importante personaje en la independencia argentina, jefe de estado (director) de Argentina en 1815, el hijo de éste, Torcuato de Alvear (1822-1890) y por último Marcelo Torcuato de Alvear (1868-1942), presidente de Argentina entre 1922 y 1928. Cabe mencionar que Torcuato de Alvear tenía, junto con su familia, un esclavo negro que recibió el apellido de Alvear también, y se llevaban bien: su nombre era Segismundo de Alvear.

Este esclavo una vez se abatió a duelo, en el duelo, su rival había avanzado demasiado, y se había chocado con un arbusto y se llenó la cara de espinas, Alvear lo sableó sin piedad, pero también sin precisión por la oscuridad, el esclavo paro de atacar a su contrincante, saco dos doblones de plata y dijo: "Esto es para que ese pobre negro cure las heridas recibidas de la mano de un Alvear", y mirando al publico en la oscuridad agrego: "Así defiende un Alvear el nombre de sus antepasados".

Rama Española

En España la saga familiar fue continuada los hijos de Diego de Alvear, Diego de Alvear y Ward, que fue amigo de Espronceda y Enrique de Alvear y Ward. De esta rama española, que siguió al frente de las bodegas Alvear, cabe destacar a Francisco de Alvear y Gómez de la Cortina (Conde de la Cortina) (1869-1959). El Conde de la Cortina, como también se le conoce, dio un enorme impulso a las bodegas Alvear, se convirtió en una destacada figura del carlismo y el sindicalismo católico e hizo importantes donaciones culturales a la localidad de Montilla (como, por ejemplo, la casa donde había vivido el Inca Garcilaso en el siglo XVI).  El hijo de Francisco de Alvear, José María de Alvear, fue máximo dirigente del carlismo en la provincia de Córdoba y murió (31 de julio de 1936) en el transcurso de la Guerra Civil Española luchando en el frente avulense. 

Actualmente la familia sigue al cargo de la empresa bodeguera, encabezada por tres de sus miembros: Fernando de Alvear y Zubiría, presidente del negocio vitivinícola, Juan Bosco de Alvear y Zubiría, vicepresidente y Fernando Giménez y de Alvear, director general.  Las otras ramas están compuesta por las familias de Alvear y Ostos, y Drake y de Alvear. El resto de la familia Alvear son descendientes de José María de Alvear (murió un 31 de julio de 1936) y Antonia Zambrano Jaraquemada (+). Sus hijos: José María (+), Asunta, María Antonia, Candelaria, Álvaro, Mariana, Francisco Solano y Cristóbal (+). Todos ellos (De Alvear y Zambrano; De Alvear y Ostos; y, Drake de Alvear) son primos hermanos de la familia Alvear y Zubiría. Actualmente los descendientes de la familia Alvear y Zambrano se cuentan por más de 250 miembros (entre primera, segunda y tercera generación).

 

 

 

 

Torcuato de Alvear (1822-1890)

Primer intendente Municipal de Buenos Aires

"TORCUATO" ANTONIO DE ALVEAR Y SAENZ DE LA QUINTANILLA, nacido en Montevideo, Uruguay el 23 de Julio de 1822, bautizado allí el 24 de Julio de 1822 (Catedral Metropolitana de Montevideo). Junto a María Elvira Dolores Pacheco Reynoso seria padre de 8 hijos, entre ellos el futuro presidente Marcelo Máximo Torcuato de Alvear Pacheco. María Elvira Dolores Pacheco Reynoso fue hija del General Ángel  Pacheco.

 


Torcuato hijo del General Don Carlos de Alvear, guerrero de la Independencia y diplomático de Don Juan Manuel de Rosas. Nacido en Montevideo en 1822 debido al exilio de su padre, al contrario de sus hermanos no cursó estudios secundarios dedicándose a trabajar el campo y su temprano viaje a Europa, sin dudas, dejaría huellas imborrables que en el futuro plasmaría en sus obras públicas. Casado con Elvira Pacheco, hija del General Ángel Pacheco, tuvieron cuatro hijos, Carmen, Ángel, Carlos y Marcelo, que fuera elegido en 1922 Presidente de la República, escribiéndose otra etapa de esta aristocrática familia. Ingresó en la vida pública integrando la Junta de Crédito Público, siendo elegido en 1875 miembro de la Cámara de Senadores de la Provincia de Buenos Aires.

Trabajó en la candidatura del Gral. Julio Roca y en Septiembre de 1880 presidió la Comisión Municipal para tres años después asumir su cargo como primer Intendente Municipal. El plan que propone Alvear, sin dudas apoyando el modelo "Rivadaviano" que se impuso a partir de 1820, era delimitar a la ciudad por las avenidas Caseros al sur, Callao-Entre ríos al oeste, Santa Fe al norte y el Río de la Plata al este. Fuera de esa traza se alojarían las industrias, los servicios y quintas de abastecimiento, aunque el perímetro distrital iría cerrándose hacia 1886 con la incorporación de Flores y Belgrano.
Juan Buschiazzo fue llamado desde el primer momento por Alvear en 1880 logrando una dupla imbatible, ya que el hacedor de las grandes ideas urbanas era el intendente, encontrando en el ingeniero un técnico eficiente y el que mejor las llevó a la práctica.  Bajo el impulso transformador desgraciadamente caería gran parte de nuestra historia.

Contra lo primero que emprendió a poco de asumir fue la Recova vieja que dividía las dos plazas y que era una antigua construcción levantada hacia 1801 donde se distribuían los negocios de todo tipo. Enérgico y autoritario como era echó a todos los comerciantes y la hizo demoler en tan sólo tres días, obligando incluso a los obreros a trabajar por la noche dirigiendo personalmente las obras. Fue así como dejó el camino libre para que el arquitecto Buschiazzo unificara ambas plazas convirtiéndola en una sola, la actual Plaza de Mayo.

 La Recova fue la primera galería comercial de Buenos Aires. Se cuenta que, en ese tiempo, la Recova era propiedad de Clara Zuñiga de Anchorena quien se negaba a destruirla. El intendente envió una brigada de obreros que en un par de días completaron la demolición. La señora de Anchorena esposa de Nicolás Anchorena demandó a la Municipalidad y la Justicia le dio la razón, debiendo indemnizar a la propietaria quien, a la fecha del fallo, ya había muerto.

 

Torcuato de Alvear cegado por el progreso giró su vista hacia el oeste más precisamente hacia el Cabildo, tenía claro que la "Gran Aldea" tenía que dejar de serlo y nada lo haría cambiar de opinión. Mutiló sus tres arcos y parte de la vieja Casa Municipal y ya no paró, el proyecto de un boulevard parisino lo obsesionaba, su idea de unir el futuro Poder Legislativo con la Casa de Gobierno a través de una gran avenida no tardó en llevarse a cabo. Miles de pleitos derivados de las expropiaciones sin embargo, no dificultaron su realización que demandó diez años. Alvear, siempre con el apoyo de Buschiazzo, dotó a la ciudad de parques y plazas y las embelleció, siempre con su criterio de ver las cosas, con grutas, cascadas y puentes como las de Constitución, Recoleta o Palermo, por esto sería muy criticado y defenestrado en publicaciones de la época.

 Los edificios públicos eran monumentales, las ampliaciones y construcción de hospitales, asilos y cementerios, como así también mercados de abastecimiento y el ordenamiento de las terminales de transporte, pasaban bajo su supervisión.  Por su temperamento fuerte o mejor dicho su mal genio, el Consejo Deliberante pidió en 1884 su cesantía pero fue apadrinado por el Gral. Roca y reelegido al año siguiente ya bajo la presidencia del Dr. Miguel Juárez Celman, renunciando en 1887. Gozando de una gran fortuna viajó a Europa, donde ya enfermo, recibió la noticia de que resultaba designado nuevamente como intendente municipal, ya en el mandato de Carlos Pellegrini. Torcuato regresó para hacerse cargo de su puesto pero su estado empeoró falleciendo el 8 de Diciembre de 1890. Una columna en su honor se levanta en los jardines de la Recoleta, esos mismos que él creara.

 

Juncal 1082 y Cerrito / Palacio de Torcuato de Alvear (c.1885) / DEMOLIDO

 

HECHOS CURIOSOS

Buenos Aires, durante la presidencia del general Julio A. Roca, era el último baluarte del atraso, en contraposición al "progreso": la Campaña del Desierto había terminado con el problema del indio y el Estado había ganado miles de leguas de tierras fértiles; el telégrafo y el ferrocarril revolucionaron las comunicaciones y, sin embargo, Buenos Aires se mantenía ajena a los cambios, en su condición de insalubre pueblo colonial. Le había llegado la hora, pero se necesitaba un hombre con prestigio, determinación y una voluntad arrolladora para transformarla en una gran metrópoli que nada tuviera que envidiar a las capitales europeas. Además debía vencer el peor de los obstáculos, el más temible de los enemigos: los propios argentinos, quienes se resistían al cambio y al crecimiento. Ese hombre fue Torcuato de Alvear.

 Cabe mencionar que Torcuato de Alvear fue un visionario. La Avenida de Mayo causaba admiración en todos los turistas europeos y la transformación de Buenos Aires embelleciendo plazas y reemplazando y creando  construcciones fue un impresionante adelanto para nuestra ciudad. Hizo poner numeración a todas las casas. En la Recoleta hizo construir un lago  hoy desaparecido con grandes cascadas y grutas.

 Gregorio Lezama dueño del predio de Parque Lezama donó tierras en la calle Cochabamba para que el paseo Colón fuera deslumbrante y también se ofreció a pagar el adoquinado a pesar que había estado en contra de ese proyecto creado por Torcuato de Alvear.

La avenida Alvear fue en 1885 cuando el intendente Torcuato de Alvear le dio ese nombre en homenaje a su padre, el general Carlos María de Alvear. Originalmente con un recorrido desde la plaza San Martín hasta Palermo, resultó la última calle importante establecida en Recoleta. Así, la avenida conformó un estilo que llevó a muchos extranjeros a decir que se sentían como en un rincón de París.

  Sobre el casco de "El Talar" de Pacheco al morir el Gral. Pacheco en 1869, se hace la sucesión y se nombra albacea a su esposa Dolores Reynoso. Su hijo mayor José Felipe Pacheco Reynoso, recibe en herencia el casco y parte de las tierras de la estancia "El Talar"; otra parte de éstas tierras se reparten entre alguno de sus otros hijos; su hijo Román hereda la fracción que hoy ocupa la ciudad de General Pacheco (en la sala-museo se encuentra una copia del primer loteo de esas tierras). Su hija María Elvira, casada con Don Torcuato de Alvear, recibe en herencia las tierras que hoy conforman la localidad de Don Torcuato, y por su parte su hija Agueda que se había casado con José G. Berdier, hereda otra de las partes de la estancia; el matrimonio Berdier tiene cuatro hijos: Àngel, Hortencia, Corina y María Luisa, que no tuvieron descendientes por lo cual la parte que les pertenecía por herencia pasó al biznieto del General José Carlos Pacheco Alvear. José Carlos Pacheco Alvear tampoco tiene un matrimonio muy feliz; antes de los veinte años de casado tiene una nueva pareja, Hilda Ritter de Menéndez Behety, quien toma un papel preponderante en las decisiones del casco de "El Talar" de Pacheco.



 Diego Federico de Alvear Sáenz de la Quintanilla  (1827-1887)

Hermano de Torcuato, Diego de Alvear, se destaca en la historia familiar por su refinamiento y costumbres muy al estilo europeo. Estudió en el colegio de los jesuitas de Buenos Aires. Continuó en la universidad de Buenos Aires y en la de nueva York donde se graduó en medicina y cirugía. Se incorporó  al ejercito de Urquiza contra Rosas en el que fue Sargento Mayor. Cautivo al peronismo. Fundador del Club del Progreso, ministro plenipotenciario en Inglaterra, cuando asume la presidencia de la República el general Roca, ofrece un baile cuyo boato trasunta el abandono de las austeras costumbres tradicionales, refería Beatriz Bosch la escritora, de 75 años en 1994. "En su casa -refería Carlos de Alvear- la actual Bolsa de Comercio, en Sarmiento y 25 de Mayo -hasta donde llegaba en ese momento el Río de la Plata- decidió dar un baile en honor a Roca. Esas invitaciones por primera vez llevaban al pie, la sigla R.S.V.P. El esplendor de Diego fue mantenido por su viuda, Teodelina Fernández Coronel( 1832-1909), hija de un rico estanciero con tierras y estancias en Chascomús, Necochea y otros lugares. Pero Diego multiplicó los bienes de su mujer y llego a ser uno de los hombres mas ricos de la Argentina.

 

Diego de Alvear hermano de Torcuato Diego de Alvear, fue anfitrión de tertulias y reuniones de gran influencia en la política argentina de finales del siglo XIX.

 

Josefina de Alvear hija de Diego y el diplomático chileno Matías Errázuriz Ortúzar, contrajeron matrimonio en la Catedral de Buenos Aires el 23 de abril de 1897;  durante varios años vivieron en la calle Chacabuco del tradicional barrio de Monserrat  en la zona sur de la ciudad, allí nacieron sus hijos Matías y Josefina.

 

Museo Nacional de Arte Decorativo.

Desde 1906 hasta 1916 Josefina, Matías y sus hijos residieron en Francia debido a misiones diplomáticas asignadas al señor Errázuriz en Europa, es durante esos años que se proyecta y construye esta residencia.
El matrimonio, interesado en el arte y las antigüedades aprovechó los años vividos en Europa para adquirir una valiosa colección de obras de arte europeo y oriental que en su mayor parte integran hoy el patrimonio del Museo Nacional de Arte Decorativo. De regreso en Buenos Aires, a fines de 1916, y a medida que llegaban los muebles y objetos de arte por vía marítima, los Errázuriz Alvear se ocuparon de controlar todos los detalles de la decoración. El 18 de septiembre de 1918 la casa fue inaugurada con una gran fiesta y se convirtió en el centro de una intensa vida social en los años que residieron en ella.
Después del fallecimiento de Josefina en 1935, Matías Errázuriz y sus hijos ofrecieron al Estado Argentino la posibilidad de comprar la casa junto con la colección de arte, con la condición de que se destinara a crear un nuevo Museo: el actual Museo Nacional de Arte Decorativo.

HECHOS CURIOSOS

  Diego de Alvear con las heridas aun abiertas por la batalla de Caseros convoca a 56 vecinos y les propone fundar el Club del Progreso  y fue su primer presidente. También con la colaboración de Delfín Huergo funda el diario El Progreso cuyo numero aparece un primero de abril.

La bolsa de Comercio se gesta también por iniciativa de Diego de Alvear.

   
   


 

 

Carlos Torcuato de Alvear hijo de Torcuato de Alvear

 

 

Carlos Torcuato Diego de Alvear y Pacheco (Buenos Aires, Argentina; 6 de febrero de 1860 - íd.; 2 de mayo de 1931) fue un hacendado y político que llegó al cargo de Intendente de la Ciudad de Buenos Aires entre 1907 y 1908.

Nacido en 1860, fue hijo del futuro primer Intendente de Buenos Aires Torcuato de Alvear y hermano del futuro Presidente Marcelo Torcuato de Alvear. Fue iniciado masón en 1885, y se casó en 1888 con María Elina González Moreno Halbach.  Participó de la llamada Campaña del Desierto, bajo órdenes del General Julio Argentino Roca, y de la cual obtuvo tierras en la actual La Pampa; y en consecuencia formó parte de la Generación del 80. Se dedicó a la agricultura, y sus productos fueron premiados por su calidad en varias oportunidades. En 1896 fundó un pueblo en una porción de sus terrenos, y lo llamó Intendente Alvear en homenaje a su padre, fallecido en 1890. En cuanto a la política, fue Diplomático, Ministro Argentino en Bélgica y Cónsul General en Lima. Fue designado Intendente de Buenos Aires en 1907 por el Presidente Victorino de la Plaza, quien había tomado el cargo del fallecido Manuel Quintana. 

Los hechos más importantes de su gestión en la Capital Federal fueron la inauguración -el 22 de septiembre de 1907- del Zoológico del Sud en terreno del Parque de los Patricios (sería cerrado en 1939 para dar lugar al Hospital Churruca), el contrato por 50 años con la Compañía Alemana Transatlántica de Electricidad (CATE) por el manejo de la provisión de electricidad al alumbrado público de Buenos Aires, la confección de un Proyecto Municipal que pretendía la construcción de una red de tranvías subterráneos, el comienzo de la construcción del Barrio Butteler y el desarrollo de la Huelga de inquilinos de 1907. Murió en Buenos Aires en 1931. Sus restos se encuentran en el mausoleo de los Alvear del Cementerio de la Recoleta, diseñado por el arquitecto Alejandro Christophersen.

 

 

 

Maximo Marcelo

Torcuato de Alvear

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Su casamiento con Regina Isabel Luisa Pacini en 1907, provocaría un escándalo en Buenos Aires. Recibidos por reyes y nobles, Maria Unzue de Alvear, cuñada de Marcelo, una de las mujeres mas ricas de la Argentina, jamás quiso recibirla en su casa.

Biografía de Máximo Marcelo Torcuato de Alvear

Fue el menor de los siete hijos de Don Torcuato de Alvear, el primer intendente de Buenos Aires y de Doña Elvira Pacheco y Reinoso (hija del general Ángel Pacheco). Máximo Marcelo Torcuato de Alvear nació el 4 de octubre de 1868, en Buenos Aires. Pertenecía a la saga de los Alvear: nieto del general Carlos María de Alvear (miembro de la Logia Lautaro).

Durante su juventud perteneció a la aristocracia porteña y nunca trató de disimularlo, hecho que lo diferenció del carácter popular de Yrigoyen. La juventud que tuvo Alvear fue la típica de un joven de la oligarquía, frecuentaba los distintos circuitos de la noche porteña, los cuales iban desde los respetables teatros del centro de la ciudad de Buenos Aires, a lugares de encuentro de dudosa reputación. En 1879 ingresa al Colegio Nacional de Buenos Aires, concluye sus estudios en 1885. En febrero de 1886 solicita la matriculación en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires para estudiar abogacía.

El joven Alvear junto a sus compañeros de estudio y amigos, entre los cuales más tarde serían futuros políticos radicales como José Luis Cantilo, Fernando Saguier y Tomás Le Breton, integraban un grupo con cierta fama, empeñada en producir alborotos públicos, algunos de esos alborotos terminaron con algunos de los integrantes del grupo en la cárcel. Cabe destacar que Alvear no tenía muchos amigos de su misma clase económica, pese a que el era un aristócrata y nunca quiso ocultarlo, no le agradaba mucho la gente de su misma clase. Antes de su paso por la universidad, Alvear no había sido un buen alumno. Finalmente en 1891 obtiene su diploma, a apenas un año después del fallecimiento de su padre. 

HECHOS CURIOSOS

Torcuato de Alvear -como los estancieros, los políticos, los funcionarios de esa época- cumplía un rol específico en la familia, más institucional que afectivo. El ejército de mucamas, mucamos, jardineros, cocheros, lavanderas, cocineros, planchadoras, niñeras e institutrices extranjeras, que habitaban en las grandes mansiones, si bien formaban una comunidad, estaba lejos de permitir la intimidad y la expresión continua de los sentimientos. Marcelo, como la mayoría de los niños de familias ricas, tenía más contacto con la servidumbre, en términos cotidianos, que con sus padres. Pero recibió, sin duda, el amor de su madre.

  Quizá la época de la presidencia de Alvear fue el período de mayor esplendor de aquella Argentina. Las condiciones económicas todavía eran favorables para el país y los miembros de la clase patricia habían adquirido un gusto por las artes y las letras que había convertido a Buenos Aires en un polo de atracción internacional: compañías teatrales (Sarah Bernhard le escribió a un admirador local pidiéndole que le enviara un puma) cantantes, intelectuales, figuras de sociedad llegaban a la ciudad porque aquí encontraban un círculo de alto poder de consumo y de un refinamiento (los argentinos habían contraído horror a la imagen del nuevo rico y del rastacuero) que sorprendía a los extranjeros.

En 1895 fallece Doña Elvira Pacheco, su mamá. Esta muerte significó para Marcelo una gran tristeza que, sumada al suicidio de Alem y a la falta de ejercicio político, provocó en el futuro fundador de la ciudad de Don Torcuato, un sentimiento de profunda soledad. En contraposición a esto, aquel joven de 28 años, se había transformado en uno de los hombres más ricos del país: a la fortuna heredada de su papá, ahora se le sumaba la de su madre. Y en 1905, engrosó la lista de sus posesiones en la Argentina, la herencia de su hermano Ángel (casado con María Unzué) quien le dejó gran parte de lo que hoy es la ciudad de Don Torcuato.

En 1932, el gobierno surgido del golpe de Estado proscribió la candidatura de Alvear para favorecer a Justo. Ya en el gobierno, que ocupó de 1932 a 1938, Agustín P. Justo encarceló a Alvear en Martín García. Entonces afloró la fibra de Regina. Durante el terrible verano del ’33, que Marcelo pasó preso en un barracón de la isla, agobiado por los mosquitos y bañándose en una única canilla con otros centenares de detenidos políticos, Regina cruzó más de cincuenta veces el río en una barca, a veces desafiando furiosos oleajes, para llevar mudas, comida y aliento a su marido..

  Alvear había perdido casi toda su fortuna, en parte por su vida de lujos y placeres, en parte porque la política se la había comido. Al morir, le quedaban Villa Regina, su residencia de Mar del Plata (hipotecada); Villa Elvira, en Don Torcuato (la hizo construir en 1942, la bautizó en recuerdo de su madre y sólo vivió allí quince días), un auto Buick ’41 y un capital de 150.000 pesos, cifra ya consumida por la inflación.

 Ángel de Alvear

Hermano de Marcelo Torcuato de Alvear

Se casó con Maria Unzué. No tuvieron descendencia. María Unzué, propietaria, entre otras cosas, de setenta mil hectáreas de la mejor tierra, en el partido de Rojas, provincia de Buenos Aires. A modo de homenaje a Francia, en su estancia, San Jacinto, hizo construir un castillo normando de ochenta habitaciones.

Construyó  un castillo Normando "SAN JACINTO". La estancia San jacinto tenía 80 mil hectáreas. Conocerla en toda su extensión llevaba varias jornadas. En su centro estaba levantado el palacio San Jacinto. Tenía 100 habitaciones amuebladas con distintos estilos (francés, indio, americano), picaportes de oro y majestuosas arañas colgantes” . En sus instalaciones fue filmada "Fantoche", película nacional que alcanzó notoriedad y cuyo reparto encabezó Luis Sandrini.

Ángel había legado a Marcelo extensas y valiosas tierras en la zona que hoy se denomina Don Torcuato. Su viuda respeto el testamento de su esposo, pero no estaba dispuesta a aceptar a una cantante en la familia: desde el momento en que se anunció el compromiso matrimonial, se transformó -de por vida- en enemiga mortal de Regina, a quien nunca recibiría en su casa. Su palacio en la Avenida Alvear, esquina Libertad, era el epicentro, el non plus ultra de la aristocracia: allí no entraban personas divorciadas, ni aquellas de vida ligeramente cuestionable.  Era el templo de la elegancia, de la tradición, del catolicismo. Marcelo murió el 23 de marzo de 1942. "Doña María”: María Unzué dejó de existir en 1950, en un sanatorio de la Capital Federal. El gobierno totalitario peronista impidió que sea enterrada en la iglesia Santa Rosa de Lima en Buenos Aires (tal su derecho como marquesa pontificia) por la envidia que le produjo a la señora Eva Perón no serlo ella. Luego de la victoria de la Revolución Libertadora sus restos descansan en dicho templo.

En el barrio de la RECOLETA se encuentran casi enfrentados los monumentos de un padre y de su hijo. LOS ALVEAR. En una plazoleta se encuentra la estatua de CARLOS y en otra plazoleta la de su hijo TORCUATO, Primer intendente de Buenos Aires.

 El monumento a CARLOS (el que esta montado a Caballo), el escultor francés Emilio Bourdelle tardo 10 años en concluirlo, y antes de traerlo a nuestra ciudad fue exhibido en el Palacio de las Tullerias de Paris, debido a su gran calidad estuvo a punto de ser declarado monumento nacional de Francia. Fue inaugurado en 1926.

El monumento a Torcuato se encuentra en la Plaza Intendente Alvear (entre Av. Pueyrredón, Av. del Libertador y Alvear). Fue obra del escultor Joris y el fundidor Lauer y fue inaugurado en 1900. El monumento posee un busto de Torcuato de Alvear y en la parte superior una figura con alas que representa La Gloria.

 

Recomendamos:

http://www.ovidiolagos.com/La_pasion_de_un_Aristocrata.pdf

 

 

 

 
           

 
     


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